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Tenemos la ilusión que aquello que eludimos no existe o no tiene implicaciones graves.
He observado en la clínica que muchas enfermedades graves están al servicio de una expiación.
La mayor parte del sufrimiento humano consiste en la resistencia autoejercida contra las circunstancias manifestadas.
Esta resistencia también la expresamos a través de sentimientos secundarios tales como la rabia, los reproches, la venganza entre otros.
Estos sentimientos son dramáticos y duran mucho tiempo. Sirven para justificar el problema y que nada cambie. Son sentimientos autocompasivos y pretenden comunicar a los otros que uno mismo no puede actuar. Tienen connotaciones manipulativas “pretendo que el otro haga algo por mí” .
En una separación, la ira frecuentemente sustituye el dolor. Estos sentimientos se viven con ojos cerrados siempre en relación a imágenes interiores que nos mantienen ligados al pasado.
Hay un hilo invisible que vincula un sufrimiento actual con un profundo dolor no reconocido. En las sesiones de Terapia de Regresión reactivamos la memoria dormida hasta llegar al punto del dolor, lo confrontamos y liberamos la emoción y el sufrimiento cesa.
Asentir a la realidad tal como es, produce integración e impulso de vida. Toda enfermedad refleja el trastorno de un orden. Cada vez que excluimos algo de la conciencia perdemos el equilibrio de las fuerzas del alma porque incurrimos en una carencia. El síntoma denuncia una falta, tiene un propósito y sentido e instaura un nuevo equilibrio.
Bert Hellinger, uno de los terapeutas más originales y creativos del mundo actual, investigó en su trabajo con "constelaciones familiares" las dinámicas que conducen a enfermedades graves e implicaciones trágicas en la familia y la red familiar de una generación a la siguiente. Estas dinámicas son inconscientes:
I - El deseo de un hijo que quiere seguir a algún miembro muerto de la familia (hermano, padre, madre). En este caso la enfermedad puede estar diciendo: "Te sigo" a la muerte, a la enfermedad, o a tu destino.
II - Cuando un hijo percibe que alguno de sus padres quiere marcharse o morir. En este caso la enfermedad puede estar diciendo: "Prefiero morir yo antes que tú" o "Prefiero marcharme yo antes que tu".
III - La expiación de una culpa personal o no. A veces se concibe como culpa aquello que se sustrae a toda influencia humana, como un hijo cuya madre muere al darle la vida.
También existe la responsabilidad personal para con otra persona cuando alguien hizo algo grave. Frecuentemente se pretende reparar dañándose a sí mismo.
Detrás de estas dinámicas hay un profundo sentimiento de amor y lealtad que vincula el alma de la persona a su familia de origen. Pero este amor es ciego, tiene la creencia que a través del propio sufrimiento y muerte redime mágicamente a otros miembros del sistema. Estas metas de amor infantil siguen existiendo en el adulto. La enfermedad le da a la persona la sensación de pertenencia, una sensación infantil de ser acogido en familia. También lleva implícito la arrogancia que con mi enfermedad o muerte podría cambiar los destinos de otras personas, el amor en la familia tanto enferma como sana.
Muchas enfermedades tienen su origen en movimientos interrumpidos hacia los padres.
Hacer consciente donde se interrumpió este amor y sacar a la luz este amor ciego posibilita que se libere encontrando otra solución. 
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